Depilación

Peleas de niños: ¿conflicto de grandes?

viernes, 28 de noviembre de 2008
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“¿Está bravito?”, “Mire como arruga la boquita”, “tan lindo que se ve dando puñitos y pataditas”, “no le preste atención, esas son cosas de niños”.

Expresiones como éstas son comunes en algunos padres de familia, para quienes las peleas de sus hijos con otros menores no deben ser vistas como un problema, pues a su corta edad no existen malas intenciones ni peligros mortales.

Con este pensamiento, papá y mamá prefieren aislarse y esperar a que sean los mismos pequeños los que resuelvan sus conflictos porque, a veces, los padres se involucran tanto que terminan discutiendo con su pareja o con otros progenitores. Mientras tanto, los niños ya se han reconciliado como si nada hubiera pasado.

Para otros padres de familia las cosas no son tan simples, pues consideran que durante los primeros años de vida es que se deben educar en el respeto por el otro, por eso, ante el mínimo gesto de violencia y agresión, consideran que los adultos deben acompañar y orientar.

Frente al dilema de si papá y mamá deben intervenir o no, profesionales y expertos dieron su punto de vista.

Es necesario acompañar

Siempre que los adultos escuchan la palabra ‘pelea’, inmediatamente la asocian con cosas negativas que lastiman y no permiten aprender. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esto no es cierto porque una pelea, de cierta forma, permite complementar la formación integral de un individuo siempre que se oriente de esta forma.

Así lo reconoce la psicóloga María Adelaida García Barco, especialista en niñez y adolescencia, quien afirma que los padres de familia deben aprovechar los conflictos que se dan entre los niños para explicar y dialogar con ellos. Mostrarles que a partir de esos hechos negativos se abre la posibilidad de aprender y adquirir mecanismos tempranos para solucionar conflictos.

“La intervención de los padres se debe dar en el momento en el que la situación esté ocasionando daños emocionales en el menor. Antes de intervenir es importante conocer los motivos que llevaron al problema. Teniendo esto claro, se pueden encontrar mecanismos para no agrandar el pleito”, afirma María Adelaida García, al tiempo que agrega que muchas veces los padres se equivocan porque intervienen de forma agresiva.

¿En qué casos buscar ayuda profesional? Frente a esto, la psicóloga considera que la ayuda se debe buscar de manera estratificada, es decir, si el inconveniente es entre compañeros del colegio, lo mejor es consultar al maestro. De ahí en adelante, buscar las otras figuras de autoridad de la institución en caso de ser necesarias. Si es entre familiares, hablar con los otros padres.

“Si se requiere del acompañamiento de un profesional, se debe buscar antes de que los adultos aumenten el conflicto”, puntualiza María Adelaida García Barco.

¿Por qué se presentan?

Durante la infancia es la etapa en la que la persona consolida sus valores y se fortalece a partir de lo que los otros piensan. Por esto, es natural que haya desacuerdos entre los menores, pues el menor juzga al otro desde lo que considera que es correcto e incorrecto.

Tal es el caso de las discusiones que se generan porque se da cuenta de que su compañero o amigo miente, o porque ve que les pega a los animales.

De acuerdo con la psicóloga Claudia Liliana Cely, es importante que los padres escuchen lo que discuten los niños, sepan con quién o quiénes se están relacionando y saber lo que pasa para intervenir y formular acuerdos.

“A veces los padres toman decisiones como prohibirles que vuelvan a ver al niño con el que discutieron o decirles a los padres del otro que corrija a su hijo. Es necesario tener en cuenta que las cosas que están fallando pueden ser en nuestros hijos y no siempre en los demás”, dice.

Un buen paso es hablar con los maestros o personas que cuidan a sus hijos para saber cómo es su comportamiento, cómo reacciona cuando le hacen algo, saber por qué da muchas quejas.

Los episodios de violencia infantil pueden ser porque los hijos crecen en ambientes en los que consideran que la agresión es algo normal en la vida. La mala influencia puede estar en los mismos padres que actúan constantemente con gritos y golpes, o en los medios de comunicación.

“Papá y mamá deben estar atentos para prevenir que sus hijos sean los futuros adultos que les pegan a sus parejas. De esta manera, también tendrán dificultades de socialización, tendencia de ser manipuladores, conflictivos, no reconocerán límites”, concluye la psicóloga Claudia Liliana Cely.

LISTA

Tarea de padres
La psicóloga Claudia Liliana Cely, recomienda:


-Estar cerca de sus juegos para saber cómo juegan y cómo se expresan con los demás de su edad.
-Llamarlo aparte en ese momento y hacerle ver que algo está haciendo mal.
-Preguntarle al otro niño cómo se siente con el trato de su hijo. Todo con calma.
-No buscar ni señalar culpables.
-Enseñarle cómo se deben resolver los conflictos.
-Nunca decirles “no se deje de nadie” o “no se la deje montar”.
-No acostumbrarlos a que todo lo que piden lo tienen. De ser así, será un problema cuando les digan que no, como que no quieran prestarle algo.
-Enseñarle la importancia de la amistad, humildad, tolerancia, compartir, solidaridad, dar sin esperar algo a cambio.

LA VOZ DEL EXPERTO

Más que algo de niños
Ana Juliana Becerra / Psicóloga

“Las expresiones de agresividad en los niños de cinco años son normales porque no conocen otras estrategias de resolución de conflictos, sobretodo si son hijos únicos y no han aprendido normas básicas de conducta, de relaciones y de manejo de emociones. Ante esto, el padre debe prestar atención para enseñarle las normas y otras formas de disgusto y de solucionar sus conflictos o problemas.

Otro factor de agresividad en los niños es el vivir un duelo, ya sea un cambio en el ambiente o en su vida como el nacimiento de un hermano. De esta manera, lo que a la vista del padre puede ser algo sin importancia, para el pequeño sí lo es. Otros casos pueden ser que los demás compañeros se burlen de él o se sienta incapaz de hacer algo. Los miedos y la frustración pueden desencadenar en agresividad.

Si algo le causa molestia a los hijos y esa molestia perdura en el tiempo, esto quiere decir que ellos no están manejando bien la situación, lo cual puede provocarles estrés, furia y ansiedad; sentimientos que se manifiestan de manera verbal o no verbal.

Cuando se vuelven más agresivos, groseros, pasan mucho tiempo disgustados, callados y manifestando disgustos, analizar por qué dura tanto, por qué fue tan importante lo que le pasó para que se comporte así. El problema no es expresar mal genio sino la frecuencia con la que se da. Si es algo de todos los días y por varias horas, es necesario buscar ayuda”.

http://www.vanguardia.com/

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